Paso previo: Participan todos los miembros de la familia, por lo que debe haber acuerdo y espíritu de apertura, si es que no estamos acostumbrados a este tipo de actividades. Se fija un día y se deben preparar todos para esto, hasta los más chiquitos deberían estar presentes.
1. Preparación del lugar: De acuerdo con la vivencia religiosa de la familia se puede hacer como "oración familiar". Es bueno ambientar el lugar con una imagen, velas o luces y elegir un día y un horario en que no se nos interrumpa.
2. Iniciación: Cuando estamos todos, recordemos la finalidad del encuentro, cómo lo vamos a realizar, cómo nos vamos a escuchar uno por uno y pedimos la presencia del Señor por medio de una oración.
3. Relato familiar. Un miembro de la familia lee el relato, mientras los demás escuchan con atención.
4. Compartimos nuestras impresiones. Terminada la lectura del relato cada uno comparte sus impresiones sobre el mismo, resaltando lo que cree coincide con su familia. Trata de compartir desde el corazón, desde sus sentimientos. Los otros escuchamos profundamente y sin interrumpir. Puede ser que el otro viva las cosas muy diferentes a como yo las vivo. Se trata de comprender a la otra persona que nos está entregando lo más sagrado de sí, su corazón, su mundo interior. Lo miramos y escuchamos con amor, así como cada uno necesita que lo miren y escuchen cuando se comunica.
5. La Palabra de Dios nos ilumina. Leemos el texto de la Palabra de Dios sugerido en la guía, tratando de captar lo que Dios quiere decirnos a cada uno.
6. Reflexión compartida. Es bueno compartir qué significa para cada uno esta iluminación. Algunas preguntas, elaboradas previamente, ayudarán a clarificar los sentimientos del que habla.
7. Propuesta familiar. Al finalizar la reflexión los padres invitan a que, entre todos, formulen una propuesta para realizar hasta la próxima asamblea. Los propósitos deben ser sencillos; por ejemplo: intentar hablarnos de buen modo aunque algo nos moleste, ofrecer ayuda sin que me lo pidan, no irnos a dormir enojados, darnos tiempo para jugar juntos, cenar juntos, rezar unos por otros, etc. La finalidad es propornernos algo que todos consideremos necesario para la familia.
8. Oración final: Culminamos este momento con una oración al Espíritu Santo y a la Virgen Nuestra Madre, para que nos asistan y ayuden a asumir el compromoso de ayudarnos unos a otros.
9. Gesto fraterno: Hacemos un gesto que signifique lo que acabamos de realizar. Pueder ser un abrazo, un beso de paz, una acción de gracias al otro o por el otro, o la bendición, etc.
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