Dos Minutos: ¿Qué significa ser de la verdad?

Cristo Rey

El funcionario tenía que decidir quiénes serían los que se encargarían del manejo de una importante campaña promocional en el ámbito nacional. Muchos estaban interesados y algunos se le acercaron para “sugerirle” algunas importantes ventajas económicas que podría recibir él personalmente.

Tanto en público como en privado, y para todos, la respuesta del funcionario fue: “Si lo que tú presentas es lo más conveniente se te dará a ti, de lo contrario no. Todo dependerá de que tu trabajo sea el mejor”. Su nombre era José V. Dávila.

 Él fue quién logró para la Junta Central Electoral una excelente campaña de promoción para las elecciones nacionales  del año 1996. Y todo lo que hizo limpiamente, sin aceptar un solo centavo de “porcentaje” a su favor.

Cuco, como le decíamos, actuó de esta manera ejemplarmente honrada por una sencilla razón: Su rey no era el dinero.

El caso de A.D. es distinto. Ella se sintió humillada y ofendida por algo que hizo su esposo. Sin embargo, la semana pasada me manifestó:

“Yo no le guardo ningún rencor por eso. También yo tengo defectos que Él tiene que soportar. Dadie es perfecto”.

A.D. es una mujer con mucho amor propio y mucha dignidad, pero ella no es súbdita de su orgullo. ¿Cómo es que puede comprender y perdonar? Sencillamente porque su orgullo no es su rey.

He hablado de dos “reyes” de este mundo: el dinero y el orgullo. Pero aún quisiera mencionar otro de los muchos que hay.  Se trata de la tristeza.

Cuando a V.H. le mataron su única hija, una oscura nube de tristeza invadió por completo su corazón. Es natural.

Sin embargo, no había pasado mucho tiempo sin que Víctor recibiera una luz que despejó la tenebrosa oscuridad de aquella nube, y la alegría volvería a su corazón. Su alegría fue una auténtica alegría cristiana, puesto que era “una tristeza superada”.

V.H. era un hombre sumamente sensible, sin embargo, él no era súbdito de sus sentimientos.

Dicho de otra forma, su tristeza no era su rey, puesto que fue superada por una auténtica alegría.

Podría hablar de otros muchos “reyes” de este mundo: el placer, el poder, el prestigio...

Pero ya habrá usted entendido el mensaje: Todos esos reyes esclavizan. Solo un Rey libera, y no es de este mundo... pero está presente en este mundo.  

Ese Rey es quien hace posible que el funcionario sea desinteresado, que A.D. pueda perdonar, y que V.H. tuviera una auténtica alegría.

El Señor se declara hoy en el Evangelio (Juan. 18, 33-37) como El Rey de la verdad, es decir, de la generosidad, del perdón y de la alegría, así como también de la libertad y de la paz.

La pregunta de hoy
El Señor nos dice que “Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. Pero...

¿Qué significa ser de la verdad?

La buena noticia de hoy es descubrir el beneficio que podemos recibir al vivir en la verdad, auténticamente, sin caretas.

Una vez más el Señor nos ayuda a ver todo el bien que podemos recibir si nos atrevemos a creerle a Él, a llevarnos de sus instrucciones de vida. Se trata de una enseñanza práctica que nos permitirá vivir más libres y plenamente.

Los tres ejemplos de arriba muestran a hombres que están viviendo en la Verdad, y que han comprobado que la verdad libera.